domingo, 16 de octubre de 2011

Estrella: el lado oscuro de Renfe

Esta semana tuve que hacer un viaje a Madrid, los billetes los cogí con un margen de un día y como no me gustan los aviones, fuí directamente a las otras dos opciones que quedan, Renfe o Alsa.
Para ir durante el día de Barcelona a Madrid en tren, tienes que elegir por narices AVE, no hay otro tipo de tren que conecte las dos ciudades, tienen que rentabilizar los milloncejos que les ha costado supongo. Para colmo no sale barato, la tarifa más barata eran 117 euros, me da igual que vaya rápido y que en tres horas esté en Madrid, en la mayoría de casos prima más la economía, con 117 euros y estando en el paro, puedo hacer virguerías. Así que escogí la opción de tren nocturno, Estrella, quizá algún día fue la estrella de los trenes españoles, pero hoy el nombre, le da un cierto aire de sarcasmo a lo que yo ví y viví.
En cuanto lo ví llegar al andén, tarde por cierto, pensé oh dios mío, el número del vagón iba escrito en el susodicho con rotulador!, debieron gastarse tanta pasta en el Ave que luego no les dió para más... Al entrar en él, me vino a la memoria el Estrella que cogía hace años para ir de Barcelona a Gijón, antes de que pusieran en trenhotel o el que cogí en el 95 para ir de Gijón a Madrid, las malas experiencias se te quedan grabadas a fuego en la memoria. Pensaba con candidez que el Estrella del 2011 lo habrían cambiado, que ilusa, si vivo en España, en fin...
Este tren va dividido en compartimentos, de seis personas cada uno, menos mal que escogí preferente, dentro de lo malo, supongo que fué lo menos malo. 4 de las personas del compartimento eran familia, así que extendieron los asientos y formaron un batiburrillo de cuerpos y piernas. Enfrente mío iba un chico, si alguno de los dos extendíamos el asiento, le dábamos al otro en las piernas y lo de tumbarnos como los de al lado, inimaginable a no ser que pusiéramos uno las piernas encima del otro, el cabecero era independiente del asiento y se quedaba fijo en la parte de arriba, así que si bajabas el asiento tenías que echarte por narices. El puñetero asiento encima se bajaba del todo, si intentabas deslizarlo sólo un poco, al primer meneo del tren, te escurrías hacia abajo. Así que pasar 9 horas de viaje con el asiento recto y en posiciones absurdas para la espalda y el cuello, no se lo recomiendo a nadie. El tema de la temperatura del vagón es otro punto en contra, que te ases como un pollo a las 3 de la mañana, yendo con camiseta de verano, es una mierda, bastante es que tengas que pasar  todas esas horas con 5 desconocidos, en las posiciones más incómodas, como para que encima nos vayamos amenizando la pituitaria unos a otros. Los efluvios que salían del tétrico lavabo, mejor ni los menciono, sólo comentaros que daban arcadas.
El fantástico viaje tuvo un coste de 58 euros, NUNCA MAIS.

A la vuelta encontré plaza en el Alsa Supra economy, 36 euros, asientos de piel, pantallas planas individuales, con una amplia selección de películas, música, fotos, documentales, posibilidad de tener asiento individual, más espacio entre asientos, wifi, tomas de corriente para móviles y portátiles, un fantástico sistema de aire acondicionado y un lavabo modernísimo que no huele a muerto, este viaje duró 7 horas y media.

Así que a la Renfe ya le pueden dar mucho por ahí.

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